LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE LA PRISIÓN ACTUAL – Eduardo Galeano

I

Introducción

II

La sobrepoblación.

III

Prisionalización.

IV

Trabajo ydisciplina.

V

Sexualidad.

 

 

 

 

 

 

La cárcel

 

 

En 1984, enviado por alguna organización de Derechos Humanos, Luis Niño atravesó las galerías de la cárcel de Lurigancho, en Lima. Luis se abrió paso a duras penas y se hundió en el sopor, en el dolor, en el horror. En aquella soledad llena de gente, todos los hombres estaban condenados a tristeza perpetua. Los presos desnudos, amontonados unos sobre otros, balbuceaban delirios y humeaban fiebres y esperaban nada.

Después, Luis quiso hablar con el director de la cárcel. El director no estaba.

Lo recibió el jefe de médicos y Luis dijo que había visto muchos presos en agonía, vomitando sangre o comidos por las llagas, y no había visto ningún médico. El jefe explicó:

J.-Los médicos sólo entramos en acción cuando nos llama el enfermero.

L.-¿Y dónde está el enfermero?

L.-No tenemos presupuesto para pagar un enfermero.”

La Jornada. 6 de abril de 1997. pág 30.

 

 

 

 

  1. INTRODUCCION

 

Referirnos a la prisión es referirse a una institución que en la actualidad ha demostrado su fracaso. Si la finalidad del tratamiento penitenciario es la plena reinserción social del recluso, las cifras de reincidencia muestran la amplitud de su fracaso. Si la reforma penitenciaria llevada a cabo en nuestro país, hace quince años, pretendía lograr un cambio en la mentalidad de la colectividad para que ésta ofreciera sin temor una segunda oportunidad a los sentenciados, esto tampoco se logró. La frase de que la prisión es una universidad del crimen no es una expresión, sino que es nuestra realidad viviente.

La problemática de las prisiones, debe ser tratada desde todos los puntos de vista, pero sobre todo, se debe tomar en cuenta el aspecto humano ya que lo que se trata de corregir, son precisamente seres humanos.

Nadie que no haya vivido de cerca la problemática de un interno, tendrá plena conciencia del lo que es una prisión, nadie que no haya entrado en una prisión (ya sea como interno o como visitante, aunque como visitante no se aprecia lo mismo que como interno) podrá comprender lo que es realmente una prisión. La mayoría se encuentran sobrepobladas en exceso, y en su mayoría por gente perteneciente a clases socialmente marginadas. Los poderosos sólo por accidente, venganza o por una decisión política, penetran a ese mundo.

La pena de prisión está en crisis, es necesario buscar los mecanismos que hagan que su finalidad se lleve a cabo, la realidad penitenciaria actual en México, está lejos de estar dentro de los rangos de lo que establecen los ordenamientos jurídicos que regulan a los centros de readaptación.

Recordemos las palabras que pronunció el entonces Secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, en su comparecencia ante los diputados de la Legislatura, el 2 de septiembre de 1976, cuando afirmó:

…hemos llegado a la conclusión, señores diputados, que las cárceles son escuelas. Las cárceles son siempre escuelas. Cuando son malas cárceles, cuando no tienen un tratamiento de readaptación adecuado son escuelas del delito universidades del crimen, en el cual (sic) se reproducen los peores instintos de la comunidad…” [1]

Nuestros centros de reclusión están alejados del postulado de la readaptación, a tal grado lo están, que han pasado a constituir, en muchas ocasiones, espacios donde, en lugar de cuidarse la salud pública, hay caldo de cultivo para la parte obscura del alma de los hombres; espacios en los que, no solo no se enmienda a los recluidos, sino que se les atiborra de odio, desprecio y amargura..

La salvaguarda de los derechos humanos en las prisiones se revela como un imperativo de justicia al que debe atender con sumo cuidado y con eficiencia un Estado moderno. Si en las cárceles se maltrata, se deja sin comida, se golpea, se confina a la soledad, se niegan el trabajo y el ocio reparador a quienes ya sufren restricciones a su derecho a la libertad, se está tratando al hombre de suerte totalmente contraria a lo postulado por nuestras leyes, a lo deseado por la sociedad, a lo propuesto por el Estado en su difícil búsqueda de mecanismos para tutelar el bien social.

 

 

II. LA SOBREPOBLACIÓN

 

Uno de los principales problemas enfrentados por el sistema penitenciario radica, como antaño lo fuera para las cárceles que le precedieron, el de la sobrepoblacion.

A la fecha, en el Distrito Federal, los reclusorios preventivos varoniles Norte y Oriente acusan un porcentaje de sobrepoblación del 31%. En total, la capacidad instalada en los distintos centros es de 7,307 internos, frente a una población promedio de 8,455. Se han elaborado programas de abatimiento de la sobrepoblación penitenciaria que incluyen la asistencia jurídica para la externación de internos analfabetas, indígenas, ancianos, personas en situación económica precaria, en estado de salud grave, enfermos mentales, minusválidos y, por su puesto, de aquellos internos que están en posibilidad jurídica de recibir beneficios.

El hacinamiento produce efectos perniciosos en todo grupo humano. La convivencia se vuelve difícil si el individuo no dispone siquiera de mínimos espacios vitales. Estas observaciones, válidas para todo conglomerado, adquieren especial justeza en el cerrado universo penitenciario. Privado del bien fundamental de la libertad, lo que de suyo es una pena intensa, el hombre requiere de condiciones elementales que hagan tolerable su cautiverio.

 

La promiscuidad resultante de la falta de espacio y la acumulación de cuerpos imposibilita una existencia digna. Hacinados, los internos no disponen de una cama para cada uno, carecen de áreas para la recreación y el esparcimiento y de sitios convenientes para tomar sus alimentos, viven en un ambiente insalubre y no tienen oportunidad de privacía.

En este escenario es impensable la readaptación. En la situación descrita, los individuos difícilmente escapan a la degradación, que es el opuesto de los fines de la pena a que se refiere el artículo 18 Constitucional.

En México el sistema penitenciario tiene capacidad para 70,435 internos y, a fines de agosto pasado, su población era de 91,685, lo que significa un excedente de 30%. Este porcentaje es rebasado en 11 entidades de la república. En Campeche se llega al extremo de un sobrecupo de 146%.[2]

La población penitenciaria ha tenido un crecimiento multiplicado durante un decenio el aumento se mantuvo al ritmo de 3.8% anual, pero en 1987 fue de 11%, y en el primer semestre de 1990, de 16.4%. En cambio, la capacidad siguió rezagada, entre 1983 y 1988, con una tasa de crecimiento de 5.4%.

La sobrepoblación penitenciaria ha sido provocada, básicamente por tres factores: a) el exceso en el empleo de la prisión preventiva y de la prisión como pena, b) el rezago judicial y c) la insuficiencia de la capacidad instalada.

 

a) La doctrina contemporánea sostiene que las normas jurídico – penales deben regirse por los principios de fragmentariedad y subsidiariedad. El primero de ellos implica que, del universo de las conductas antisociales, sólo debe prohibirse, en el ordenamiento primitivo, el fragmento de aquellas que realmente entrañan gravedad. La naturaleza subsidiaria del derecho penal alude a que el Estado debe emplear este instrumento como un último recurso allí donde no basten las normas del derecho civil o las del administrativo.

Estos principios obedecen a que el derecho penal es la más drástica reacción del Estado, sobre todo en lo que se refiere a la pena privativa de libertad la cual, además de afectar uno de los bienes más preciados del hombre, suele dejar secuelas imborrables. Por ende, su empleo debe someterse a pautas rigurosas. Se trata de un imperativo de racionalidad.

Hemos presenciado, en México y en buena parte del mundo, una orientación deformada del derecho penal: existen figuras delictivas injustificables y penas exageradas o inidóneas, lo que s traduce en insufribles reproducciones de la desigualdad social y en sobrepoblación carcelería proveniente, en su abrumadora mayoría, de las clases desfavorecidas.

El discurso teórico según el cual hay que pugnar por abatir la tendencia al empleo de la prisión como pena prácticamente única, no ha rebasado las reiteraciones ideológicas más o menos abstractas.

Se ha propuesto que algunos delitos que actualmente se persiguen de oficio pasen a ser de querella necesaria, a fin de que proceda el perdón del ofendido: la apertura y la interceptación de comunicación escrita; las amenazas; el abandono de atropellados; las lesiones leves; los delitos patrimoniales, salvo el robo, el despojo realizado por un grupo de más de cinco personas y el despojo reiterado.

La ampliación del ámbito de delitos perseguibles por querella necesaria significa el reconocimiento de que los hombres pueden llegar, tratándose de ciertos bienes, a razonables fórmulas de solución particular que logren el doble objetivo de que se repare el daño causado y de que no tenga que acudirse a la retribución punitiva. Se parte del supuesto de que los seres humanos somos capaces de dialogar y entendernos.

Se abusa de la privación de la libertad no sólo cuando se ejecutan las penas, sino, lo que es más grave, cuando aún no se han dictado. En nuestro país más de la mitad de los internos son presos sin condena. Sin duda, no hay prisión más injusta que la preventiva, pues se sufre sin previa condena judicial.

Son necesarias nuevas modalidades de garantías para el otorgamiento de libertad provisional: el pago de caución diferido, a plazos, o mediante prenda o hipoteca. También requieren ampliarse las posibilidades de libertad bajo protesta. Así se combatirá una injusticia de clase, a saber que, inculpados por el mismo delito, permanezcan en prisión quienes no puedan pagar la garantía económica, y fuera de ella los que puedan hacerlo.

Al dictarse sentencia condenatoria en aquellos delitos que no son los de gravedad mayor, es razonable que no constriña al juzgador en el hecho de procurar de la sanción privativa de libertad y que se pueda optar, tomando en cuenta las circunstancias del caso y las características del delincuente, por imponer sanciones alternativas. La Organización de las Naciones Unidas ha impulsado esta tendencia en el entendido de que las sanciones no necesariamente son alternativas suaves, puesto que incluyen una denuncia del acto e imponen apremiantes exigencias al condenado. Sobre todo, se reconoce que es posible tanto castigar como rehabilitar a ciertos delincuentes sin enviarlos a la cárcel.

También es conveniente dar al juez más posibilidades de evitar la pena de prisión cuando, basado que haya su juicio en los criterios legales establecidos, considere que tal pena puede cambiarse por trabajo en favor de la comunidad, tratamiento en libertad o semilibertad, o multa, o bien que puede concederse condena condicional.

Cabe señalar, además, que la sobrepoblación penitenciaria encarece la justicia penal y hace perder efectividad a la pena; significa un gasto enorme para la sociedad la manutención de prisiones en las que, con el hacinamiento, se agravan, la promiscuidad y la indisciplina, nada propicios para la rehabilitación social.

 

b) Más de la mitad de los internos del país está compuesto por presos sin sentencia, es decir, procesados en prisión preventiva.

Además de que el número de jueces penales no ha crecido al ritmo en que lo ha hecho la población, los procesados pobres han carecido, casi siempre, de una defensa jurídica eficaz y expedita. Si bien a todo el que no pueda pagar un defensor particular se le nombra, indefectiblemente, uno de oficio, éste suele ser una figura decorativa en virtud de falta de preparación adecuada, salario exiguo y trabajo abrumador.

Baste señalar un caso significativo: En el Distrito Federal, donde la situación es menos grave que en numerosas entidades de la República, un defensor de oficio, cuyo bajo sueldo no está acorde con las exigencias profesionales que su cargo implica, debe atender, en promedio, 50 causas a la vez

En vista de los problemas económicos del país no es fácil crear plazas de defensores de oficio en número tal que satisfaga la necesidad. Una solución seria la participación de la sociedad civil mediante convenios con universidades y con barras y colegios de abogados, que provean de una eficiente defensa gratuita a quienes, sujetos a proceso penal, no puedan pagarla.

 

c) La insuficiente capacidad de las instalaciones penitenciarias es un problema serio y complejo cuyo abatimiento puede buscarse por caminos como los ya planteados, que llevan a disminuir el numero de presos. Sin embargo, aun cuando se lograra que éste no creciera en mayor medida que la tasa del incremento demográfico del país, de todos modos, a finales de 1997, se contaría con un total de 100,000 internos.

 

 

III. PRISIONALIZACIÓN.

 

Los centros penitenciarios con los que cuenta el Estado, presentan características de un ente vivo, para la constante interrelación de sistemas y grupos sociales que en ellos intervienen. Se ha analizado a la prisión como un medio artificial que alberga a una comunidad delincuencial o sociedad de reclusos, con valores y normas propios que matizan sus relaciones y comportamiento, reproduciendo fenómenos que se dan en libertad.

La subcultura carcelería combina estructuras sociales y de poder, elaborando su código de valores y manifestaciones específicas que regulan la vida cotidiana en el interior de los establecimientos, apreciando que las prisiones son vitrinas políticas del sistema vigente, ya que el grado de avance de una sociedad se refleja directamente en el estado de sus prisiones.“[3]

En los últimos tiempos son recurrentes los disturbios en las prisiones, las escenas de violencia, corrupción y brutalidad hacen cuestionable el que a pesar del gran avance cultural, científico y tecnológico se sigan presentando comportamientos de violencia extrema, con elevado montante de agresividad, generando reacciones en cadena (fenómenos colectivos de alteración en prisión), ya que se ha observado que cuando surge un disturbio en una prisión, paralelamente ocurren brotes de violencia en otros, correspondiendo a fenómenos cíclicos, que con cierta periodicidad vuelven a presentarse, alterando la vida carcelería v política, con el consabido costo social que esto implica.

 

Los anteriores instintos adquieren su máxima expresión en la prisión, desde el shock inicial que recibe el interno al ingresar al reclusorio, a un medio ambiente donde todo es impuesto autoritariamente, las emociones, el miedo en el futuro y la gran confusión por el desconocimiento del régimen carcelario realizan una tarea de bloqueo y deformación de la personalidad.

Se ha observado que existen en los establecimientos tres núcleos básicos de poder: a) el de las autoridades; b) el de personal de seguridad y, c) el de grupos de internos.

Nosotros nos abocaremos principalmente a este último grupo. La microsocíedad carcelería se encuentra inmersa en un mundo diferente y propio, colmado de fantasías a las que como mecanismo de defensa recurre el interno, evadiéndose de una realidad frustrante, generadora de angustia por el ambiente despersonalizador y hostil que existe en la prisión; dando lugar a la cohesión de grupo, reforzadora de la autoestima perdida.

La conducta de la población responde a las características de sus instituciones, que varían desde la arquitectura penitenciaria, los diversos sistemas de control, tratamiento, seguridad, número y calidad de personal adscrito al mismo (directivo, técnico, administrativo, y de seguridad y de custodia), así como la cantidad y distribución de población aprisionada y las medidas de política criminal que operan las cárceles.

Sin embargo, se observa que existen ciertas similitudes en todas las prisiones, una de las más importantes es el denominado proceso de prisionalización, definido por el autor Clemmer como “la adopción en mayor o menor grado de los usos, costumbres, tradiciones y cultura general de la penitenciaría”.

El nuevo recluso debe seguir un proceso de adaptación social semejante al de cualquier nuevo miembro de todo grupo cultural.

A su llegada, su punto de referencia continúa siendo el mundo libre, al paso del tiempo la aculturación carcelería provoca un sentido inverso, o sea la adaptación a la prisión, a un medio antinatural, a las normas no escritas del denominado código del recluso “conjunto explícito de valores y normas que coexisten con las reglas oficiales de la institución.”[4]

Uno de los objetivos de las normas que rigen a la sociedad de reclusos es proporcionar a sus miembros condiciones aceptables para su supervivencia en las instituciones totales.

Sin embargo, muchas de estas normas se encuentran enfocadas a los llamados antivalores e incluso a la comisión de conductas para sociales y antisociales para conseguir y mantener un status de poder, así vemos algunos de sus principios y manifestaciones:

1) No afectar o traicionar a los compañeros, sobre la base del principio de lealtad, solidaridad y cohesión de grupo. 2) Obstaculizar la labor del personal penitenciario preferentemente atacando el principio de autoridad. 3) Obtener a través de la manipulación condiciones de privilegios y beneficios dentro del establecimiento, como ejemplo resaltan: control de negocios, reclasificaciones a zonas privilegiadas, facilidades para las visitas familiares e íntimas, alternativas preliberacionales, etcétera. 4) La sociedad de reclusos es autoritaria y rígida, y posee una estructura jerárquica. En todas las instituciones existe un grupo de dirigentes.

Una de las manifestaciones comunes dentro de la prisión es su religiosidad, situación que se ve plasmada en las artesanías que elaboran en los diversos penales del país en los que el culto a vírgenes, santos y a otros simbolismos, como la llamada “Santa muerte”, adquiere para los presos importancia significativa.

Otras manifestaciones carcelarias son los tatuajes, dibujos sobre la piel, elaborados con tinta vegetal, a través de los cuales, los internos se autoafirman ante la sociedad o al grupo al que pertenece, en este caso al carcelario. Las categorías más significativas de tatuajes, comprenden a los de identificación, de protección (figuras religiosas o mágicas), sexuales y criminólogos.

 

 

IV. TRABAJO Y DISCIPLINA.

 

El trabajo es uno de los aspectos fundamentales dentro de la readaptación del prisionero. El trabajo, entendida como la actividad que genera recursos para la manutención, es considerado la piedra angular del progreso social.

 

Los objetivos en el aspecto laboral dentro de la prisión, consisten en proporcionar actividades laborales y de capacitación a la población, con el fin de coadyuvar a la readaptación social.

  • Lograr un adecuado nivel de capacitación técnica, así como reducir el índice de ocio de la población.

  • Implementar el funcionamiento de áreas laborales en las que el interno realice actividades productivas que constituyan una alternativa de trabajo en el exterior.

  • Incidir y motivar al interno para que trabaje y se capacite.

  • Coadyuvar al desarrollo de las habilidades y destrezas de los internos a través de cursos de capacitación laboral, con lo cual, los productos elaborados cuenten con la calidad que permita su comercialización en el exterior.

  • Establecer comunicación y coordinación con instituciones públicas y privadas a fin de apoyar las actividades laborales, y de capacitación.

 

a) Se llamara a los miembros del sector empresarial a establecer, mediante convenios, industrias dentro de las cárceles e, inclusive, se les propusiera que produjeran bienes útiles en tareas de gobierno, tales como pupitres, basureros y cajas compactadoras para camiones recolectores de basura.

b) Se establecieran programas de financiamiento en favor de la pequeña y la mediana empresas; y

c) Se aprovechara la comunicación entablada entre los empresarios y los patronatos encargados de apoyar la reincorporación social de los excarcelados, a fin de facilitar el establecimiento de empresas dentro de las cárceles.

La respuesta no ha sido la esperada: solamente 11 gobernadores se comprometieron analizar la sugerencia, y no hay un solo caso en que se hayan tomado medidas conducentes a resolver el problema. A esta comisión Nacional le parece sumamente preocupante la falta de interés en un punto clave para la transformación de nuestra realidad penitenciaria

Las actividades laborales deben organizarse atendiendo a las normas laborales y de protección del medio ambiente, y poniendo especial cuidado en que:

 

  1. Ningún interno sea obligado a trabajar.

  2. Todo trabajo sea remunerado con un salario que no sea inferior al mínimo correspondiente.

  3. El trabajo no se imponga como corrección disciplinaria.

  4. Ningún interno trabaje para otro;

  5. Los horarios y las jornadas laborales atiendan a lo dispuesto en la legislación nacional.

  6. Se proteja a los trabajadores en materia de higiene y seguridad y se les atienda debidamente en caso de accidente o enfermedad de trabajo;

  7. En ningún caso se ofrezcan como opciones laborales actividades denigrantes, vejatorias o aflictivas.

  8. Se permitirá que los internos seleccionen, de entre las alternativas existentes, aquella que mejor les convenga en virtud de sus capacidades, su vocación, sus intereses, sus deseos, su experiencia y sus antecedentes laborales.

  9. Cuando los internos provengan del medio rural y de grupos indígenas, tal circunstancia se tome en cuenta a fin de procurar que se respeten sus costumbres y se les permita desempeñar sus oficios;

  10. El trabajo no sea obstáculo para que los internos realicen actividades educativas, artísticas, culturales, deportivas, cívicas, sociales y recreativas;

  11. Existan instalaciones idóneas para las actividades laborales y de capacitación laboral; y

  12. El Consejo técnico interdisciplinario participe en la elaboración de los programas de trabajo, y vigile que se cumplan, poniendo especial cuidado en que se satisfagan los requerimientos de la rehabilitación.

 

Actualmente este aspecto de las prisiones se encuentra en crisis, toda vez que en las no se cuenta con las instalaciones adecuadas para desarrollar el trabajo dignificador y readaptador.

 

 

V. SEXUALIDAD.

 

Corresponde ahora adentrarnos al tema más espinoso de la exposición, es decir al tema de la sexualidad de los internos.

Antes que nada debemos ubicarnos en la idea de que los internos son seres humanos con sentimientos, anhelos, deseos y necesidades. Son personas en el aspecto más amplio de la palabra, el hecho de estar privados de su libertad no significa que se disminuya su calidad de seres humanos.

Al privar de la libertad a una persona y estar interna en un centro de readaptación social, propicia a que el interno cambie su mentalidad en todos los aspectos, en primer lugar se siente abandonado, adentrado en un mundo que muchas veces ya es conocido y otras no.

Cuando llega el día de la visita familiar, lo espera con impaciencia, ansioso de ver a su familia, esposa, novia o concubina, pareja o la persona que venga a verlo.

Su semblante cambia por completo y desea que se alargue lo más posible el tiempo de estar en contacto con las personas amadas. Cuando llega el momento de la partida, se torna difícil la despedida, abrazos, besos y palabras cariñosas son lo ultimo que se dicen y se dan un abrazo fuerte, como si quisieran hundirse en ellos mismos y hacerse uno mismo, al final se queda inmerso en el momento que acaba de pasar.

Es realmente difícil tratar este tema con la profundidad que se merece, ya que hay que tratar varios aspectos de vital importancia.

Debido al hacinamiento, el interno no tiene un espacio adecuado en la prisión para llevar una vida íntima adecuada, no tiene un espacio de privacidad que le permita realizar el acto sexual con la pareja, para ello, se crearon lugares específicos, en donde de acuerdo a las reglas establecidas en el reglamento y la ley, se pueden tener relaciones sexuales con su pareja, mejor conocido este acto como VISITA INTIMA.

Como son pocos los espacios o cuartos destinados a la realización del acto sexual y existe mucha demanda, se llega a comerciar con esta necesidad. Se llega al extremo incluso de condicionar en tiempo este servicio de los cuartos de visita íntima.

En los centros de readaptación social, no existen las suficientes instalaciones adecuadas para la correcta visita íntima, y es por eso que se improvisan cuartos de cartón, lamina, y con las propias cobijas, para tener un poco de privacidad, siempre y cuando se pongan de acuerdo con el custodio.

La sexualidad es un aspecto humano fundamental, que debe satisfacerse. Sin embargo, existen presos que no tienen cónyuge, concubina, amante o amiga con quien tener relaciones sexuales, llegando entonces a la patología sexual, consistiendo algunas de estas conductas en homosexualismo, lesbianismo, onanismo, etc.

Por otra parte, para este tipo de reos sin familiares, son un mercado cautivo para los que se dedican a comerciar con el sexo, pagando una cantidad de dinero para que les traigan una sexo servidora con quien tener relaciones sexuales.

Por otra parte, el problema de los homosexuales, es un problema grave, toda vez que con su conducta pueden llegar a tener serios problemas con los demás internos, además de ser la causa de pleitos entre ellos mismos, por celos.

Es un hecho que la mayoría de los presos no tienen ninguna clase de educación sexual, trayendo como consecuencia que las enfermedades venéreas y el SIDA, están al orden del día la promiscuidad y el intercambio de parejas algunos de los métodos con que se propagan estas enfermedades.

La corrupción existente en las cárceles, genera que la visita intima se vuelva en ocasiones un lujo, y en otras, algo realmente inalcanzable, su condicionamiento, pago en dinero, genera que muchos reos acudan a la masturbación como único remedio a satisfacer su necesidad y en muchos casos a la satisfacción entre personas del mismo sexo, dando como resultado conductas patológicas sexuales que generan grandes traumas y desequilibrios psicológicos en quienes son víctimas de ello.

Es realmente inconcebible que a los reos se les violen sus derechos humanos al solicitar tener relaciones sexuales. Se deben implementar programas para que se garantice la protección a este derecho que aparte de satisfacer las necesidades fisiológicas de los internos, su otorgamiento ayuda a que se genere un equilibrio de fuerzas dentro de las prisiones, ya que se evita que los internos se encuentren tensos y ansiosos.

El aspecto sexual de los internos, así como su problemática es un tema que poco se ha tratado, no existen muchos estudios serios al respecto, sin embargo existe mucho material para poder hacer un trabajo completo, sobre ello.

 

 

[1] Readaptación social en tierra propia. Secretaría de Gobernación México 1976. ppl13-20.

[2] Comisión Nacional de Derechos humanos. La experiencia del penitenciarismo contemporáneo. Apuntes y expectativa. México 1995 PP 255-256.

[3] GUTIERREZ Ruíz,Laura Angélica. Normas Técnicas sobre administración de prisiones Edit. Porrúa 1996. pp 1.

[4] GUTIERREZ Ruiz, Laura Angelica. op. cit, PP 6.

 

Retirado de http://colossus.rhon.itam.mx/~ggzalezq/Reclusorios/Problematica.html